Por Sajhid Domínguez
El primer mundial que vi ya con conciencia propia fue en el 86 y lloré mucho cuando Raúl Servín falló su penal y el alemán Littbarski venció a Pablo Larios para de esta forma vivir mi primera eliminación en vivo y ya desde ahí he sufrido durante 40 años (¡¡¡si, 40años!!!) con el Tri de mi corazón, a lo mejor por eso, esta selección -hasta ahora perfecta con su tres de tres- me ha vuelto a ilusionar.
Muchas cosas pasaron el miércoles en la noche en el Azteca (así se llama, pésele a quien le pese), desde el homenaje muy merecido a Paco Memo, la afición enganchada con el equipo como en los años noventa y algo que me regresó la nostalgia futbolera, fue sin duda, la historia de Mateo Chávez.
Seguramente ya escucharon todo el contexto del “tilón”. Jugador que fue cepillado por Lapuente en el 98 y seis años después de eso, nacería su primer hijo a quien le pusieron Mateo, y que ya mas grandecito, le prometió a su papá algún día vengar la afrenta de haberlo dejado, fuera de la Copa de Francia.
Reivindicación para su apellido, fue el que tuvo Mateo anotando ese gol que fue más celebrado en la grada que en la cancha misma, sí, ahí estaba Paulo Cesar Chávez viendo como su hijo marcaba en en un mundial y así el futbol, por lo menos hasta ahora, está quedando a mano con la familia del “tilón”.
No sé qué va pasar en los 16avos y menos en los octavos, pero esta generación de futbolistas que fueron rechazados por las marcas comerciales para hacer sus anuncios, porque no son tan conocidos como el “matador”, Campos, Oribe o hasta el “perro” Bermúdez, ya se metieron a la historia como uno de los pocos, muy pocos equipos que han pasado la fase de grupos con tres triunfos y sin recibir anotación.
Me ha impresionado la respuesta de la gente, no la afición, esa es otra cosa, pero reportaron que en los fan fest de CDMX hubo un millón de personas, esa es la población de Cancún y también demuestra la imperiosa necesidad de ganar algo, de ya no prender la tele o el radio o ver el face y el insta lleno de malas noticias, ya nos urgía por lo menos alguna alegría y el Tri nos las está dando.
Gooooool de Ecuador!!! Acaba de gritar el narrador Raúl Pérez y es que al momento que escribo esta humilde columna, Gonzalo Plata le ha metido el segundo a Alemania. En fin, ha sido un mundial extraño, ya sabemos que por el momento el juego esta secuestrado, pero existe la posibilidad de que nos surja el Síndrome de Estocolmo y volvernos a enamorar de la FIFA, de Infantino, de Cabo Verde, de Curazao, de los noruegos remando y del ahora ya con marca registrada; el Pato Merlín.
En mi participación durante el noticiero “Buenos Días” de Hits FM en el 96.5 con Arturo Medina, le pedí a los radioescuchas que lo tomarán con calma y que no se ilusionaran de más, la verdad les estaba mintiendo porque el más ilusionado soy yo y en mi cabeza solo puedo pensar en una cosa; ¿Y si sí?…