Por Sajhid Domínguez
De verdad que no tengo nada en contra de los influencers, youtubers, comediantes, standuperos y demás, que se apoderaron del mundial. Podríamos llamarle incluso el “síndrome del escorpión dorado” y es que para ser honestos, si estaba yo con mucha envidia (de la mala) y coraje por este tipo de situaciones (social media) que se empezó a dar en Qatar y ahora se ha salido de control.
Estaba comiendo con Sofi, la loca de mi hija de 14 años y veíamos en el youtube a un tal “El Mariana”. Hasta eso muy agradable el muchacho y muy ágil, su video fue la crónica de como pasó todo el día del partido ante Inglaterra y donde reiteró en mas de siete ocasiones, que a él NO le gusta el fútbol y que solo hacia eso para sus suscriptores.
Lo que hubiera dado cualquier comunicador, reportero y analista deportivo del mundo por haber estado ahí, en ese lugar donde “El Mariana” estaba payaseando y una señora sentada atrás, le explicaba al youtuber, la mecánica de la regla del fuera de lugar.
Criticar a la FIFA ya sería redundante en este momento, todo lo que ha pasado en esta Copa, raya en lo absurdo y ridículo, desde todo lo que hicieron a Irán, pasando por la tarjeta roja retirada al gringo por órdenes de Estados Unidos y ya ni que decir de todas las teorías conspirativas de lo que pasa con Argentina.
En lo personal, hablando como aficionado y no periodista, me volví a ilusionar, me volví a enamorar de este maldito y a la vez bendito juego, y una vez más me rompieron el corazón, pero imagínense que yo le voy al Cruz Azul y al Atlético de Madrid, entonces yo pensé que ya estaba curtido en este tipo de decepciones, pero resultó que no.
Ese fin de semana fue horrible, me hackearon el cel y le mandaron mensajes feos a mi familia y seres queridos, luego perdimos con los ingleses y todo ese coraje se juntó en mi pancita para mandarme directo al hospital por un ataque gástrico con analgésicos y desinflamatorios incluidos, pero eso era lo de menos, porque lo que realmente estaba mal, lo que estaba roto, era mi corazón.
Y eso de estar enamorado sin ser correspondido, es lo peor que le puede pasar a alguien, pero como ya estoy acostumbrado, ahí voy de nuevo y solo esperando que el corazón futbolero y el otro, aguanten otros cuatro años…