Por Sajhid Domínguez
El mundo del deporte es muy ingrato, incluso más que el mundo real donde aún existen pocas personas que siempre estarán agradecidas con alguien que alguna vez les echó la mano en tiempos difíciles, pero esto en el futbol rara vez sucede.
Como aficionado cementero que soy desde hace más de 40 años, obvio que grite de gusto cuando Hernández falló el penal, pero debo ser honesto y aceptar que minutos después me dio un cargo de conciencia.
Y es que su propia afición, los llamados “chivahermanos” empezaron a inundar las redes con odio para el que alguna vez fue su máximo ídolo y referente total del rebaño sagrado.
Siempre he sido de la opinión de que las personas no deberían de poner de ejemplo a ningún futbolista, estos seres privilegiados viven en otro planeta y la gran mayoría de ellos han perdido el piso y el sentido de la realidad, siendo Javier uno de ellos.
No es momento ni lugar para discutir que carajos le pasó a Chicharito en los últimos años, lo que si sé, es que el tipo no se merecía terminar así en este regreso al equipo que lo vio nacer y de donde partió para jugar en el Manchester United, Real Madrid, Bayer Leverkusen, West Ham United, Sevilla y Los Angeles Galaxy.
El delantero histórico de la Selección Mexicana, (que daríamos por un goleador hoy en día) fue basureado por su propia gente y seguramente será la ultima vez que lo vimos vestido de rojiblanco, lo que nos recuerda lo muy ingrato que es el maldito futbol.